Desde el norte de África se desplaza una nueva ola de calor que agitará Europa durante finales de junio y principios de julio. Sin embargo, esto es solo el principio.

La alta concentración de gases de efecto invernadero es el principal causante de que el calor quede atrapado en el interior de la atmósfera, lo que hace de sucesos como este un mero atisbo de una realidad cada vez más sofocante.

Alrededor del mundo, cada vez son registradas un mayor número de temperaturas máximas que marcan récords históricos. En los últimos meses, países como Francia están viviendo su primera ola de calor en 75 años, justo después de atravesar el mes de mayo más seco y caluroso que se recuerda en tierras galas. Para Portugal, este mes de mayo ha sido el más cálido de los últimos 90 años y, junto a España, está sufriendo una sequía extrema que afecta a más del 90% de la península Ibérica. Incluso, países como Pakistán o India han atravesado este año olas de calor que han llegado a registrar los 50º en plena primavera.

Para algunos meteorólogos este tipo de fenómenos representan el auténtico rostro del cambio climático, Estableciendo una robusta conexión entre el calentamiento global y la aparición de oleadas de calor extremo.

Se prevé que de seguir así, las futuras olas de calor serán cada vez más intensas y frecuentes, contribuyendo a la aparición de incendios forestales e incrementando el estrés hídrico en zonas áridas que sufren de alta sequía, una problemática de la que LIFE Ecodigestion 2.0 ya se hizo eco la semana pasada.

Las energías renovables se presentan como las grandes protagonistas al frente de la transición energética contra el cambio climático. Se espera que la producción actual de biogás se duplique para 2030, y que a su vez, esta vuelva a crecer casi cuatro veces más en el año 2050, en consonancia con los objetivos de neutralidad climática marcados en el Pacto Verde Europeo.

Elproyecto LIFE Ecodigestion 2.0 impulsa este tipo de energías verdes que mitigan las emisiones de gases de efecto invernadero. Mediante el tratamiento de residuos orgánicos, el uso de biofertilizantes y la sustitución de los combustibles fósiles, estamos contribuyendo a la reducción de la huella de carbono, a la vez que favoreciendo el funcionamiento de la economía circular dentro del marco de la sostenibilidad y el medio ambiente.